Hoy estaba cansado de trabajar. El ordenador ademásn o me respondía. Había cometido un error garrafal programando que era el qeu desencadenaba aquel fallo enorme en el sistema que llevaba molestando desde la mañana. Por eso, por otros motivos, porque mi propia cabeza necesitaba descansar, cogí mi bicicleta. La puse a punto, bueno, todo lo apunto que se puede poner mi bicicleta a estas alturas. Bajé, me cambié, me despedí de mi familia y salí a montar. Esta vez, salía a montar con un objetivo como cuando era más joven. Iba a ir a Forum a comprarme unos guantes ya que el día anterior los perdí en el gimnasio.

Me subí en la bici, primeras pedaladas en la cuesta. Me tuve que parar, no cogí el ritmo. Poco a poco fui recobrando el equilibrio hasta alcanzar Miguel Indurain y bajar la cuesta con tranquilidad. Noté un poco de fresco. Pero en cuanto enfilase la calzada llana desaparecería. Sin embargo, en cuanto llegué a la carretera. Me quedé bloqueado. Nunca antes había sentido tal sensación. Me daba miedo, tuve miedo de conducir la bicicleta por la carretera. Es la primera vez que sentía este pánico. Algo extraño, así qué, decidí ir por la acera. Sorteando primero la acera contraria al paseo marítimo, posteriormente el parque, alameda, y así hasta llegar al Eroski. Allí entraría en forum a comprar mis guantes.

Durante el camino en el que quería divagar, abstraerme del mundo, volver a volar como entonces sobre mi transporte preferido... Me dí cuenta que no lograba sentir lo mismo que sentía en la mayoría de las ocasiones que cogía el vehículo de pedal. No conseguí poner la mente en blanco y centrarme en el avance. Golpear el viento en mi cara con fuerza, sentirme libre, jugar a ser una bala y atravesar el confin sin que nadie pudiera impedirmelo. Por ello, pensé, volveré a jugarme la vida, volveré a correr a la vuelta sobre la carretera. Con los coches, con mis enemigos...

Salí del centro comercial Larios, con mis guantes nuevos y también un candado que me hacía falta para poder ir al club en bicicleta.

Enfilé la carretera, dispuesto a enfrentarme al miedo que antes tuve. Sin embargo, ahora fue otro... no veía bien. Mis problemas visuales ya de noche se hacían patentes. Seguí por las callejuelas paralelas a la Alameda hasta que llegue a la parada de los portillos. Ahí conseguí hablar por telefóno con mi madre. Me contó algo que que tarde o temprano tenía que ocurrir. Con lásgrimas en los ojos seguí mi camino. IBa a ir por el paseo de los Curas, por la carretera. Pero el juego de lo semaforos me hizo ir a la acera para no esperar. Y me volvió a dar miedo, no bajé a la carretera. Seguí hasta el paseo marítimo y allí me tiré a la arena.

Me noté con fuerzas, estaba entero. Comencé a pedalear fuerte, luchando contra el viento que por fin si chocaba contra mi cara. Volvi a sentir la libertad, lo que ansiaba de mis 17 años, posiblemente uno de los años más felices de mi vida. No tengo el cuenta kilometros activo, pero estoy seguro de que pude volar cerca de los 40 Km/h. Lejos de los 50 que logré en llano como pico. Pero me sentí bien, me centré en mi conducción, en salvar los obstáculos, en no caer, en mi control. Añoraba esa sensación.

Se acabó, tocaba subir mi cuesta. Comencé fuerte, sin reducir platos ni cambiar piñones. Tenía fuerza y me encontraba bien. Sin embargo un taxi me cerró el paso y tuve que detenerme. Perdí la iniciativa y auqnue no me costó arrancar. A la postre sería letal para que mi fortaleza se viniera abajo. No pude subir como la última vez sentando en la bici. Subi de pie tirando de piernas y no de riñones como me gusta. Sin embargo completé la cima a una velocidad bastante alta y caí rendido. Llegué extenuado a mi casa. Coloqué la bici en el garage. Entré, salude a mi madre y a mi tia. Comencé a tener nauseas, estaba rendido y mi paseo ya se había acabado.

Sin duda, volveré a volar en la bicicleta que sin duda es el único sitio donde puedo alzar las alas...