Lealtad a la bandera, lealtad a la patria, lealtad a la familia, lealtad a un amigo...
Una palabra que si atendemos a la primera y tercera definición de la RAE (ignoro la segunda por motivos que algún quizás desvele):

1. f. Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien
2. f. Amor o gratitud que muestran al hombre algunos animales, como el perro y el caballo.
3.
f. p. us. Legalidad, verdad, realidad.

Tendríamos quizás que entrar en la definición de fidelidad (1. f. Lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona). Vemos claramente que al final, la fe, la confianza en una persona es la que da esa lealtad. Ser leal a un amigo es algo fundamental para conservar esa amistad. Sin embargo, hay ocasiones en la que esa lealtad se rompe sin uno quererlo y todo se viene abajo. Por más que se buscan caminos para intentar sortear los problemas. Por más que uno dice tener lealtad a unos principios, unas ideas nunca sabemos cuando podremos derribar el muro que sobrepasa esa lealtad. Sobre todo cuando sin querer vas corriendo por el campo y cruzas la frontera de tu pais para introducirte en un pais colorido, distinto y alegre que sin embargo engloba un sentimiento de lejanía y miedo hacia tu origen. De sentir que has abandonado a tu patria, tu gente, tus amigos. De ver como cuando tu puedes estar bien en este nuevo mundo, miras atrás y ves a tus allegados sufriendo por tu marcha o por lo que dejaste de hacer, o por lo que has hecho y te has llevado, por los que pueden seguirte, por una sinfin de posibles causas que pueden provocar dolor, llantos y penas en el animal más fuerte y más débil que pobla el planeta. Entonces, aunque tratas de arreglarlo, aunque el hijo pródigo sea una parábola preciosa. La realidad es que el humano es humano, sufre por recordar. Y nunca se sabe si la vuelta de ese hijo será recordada por la alegría del volverle a ver o por la tristeza y el dolor de cuando se fue. Cuando más daño se hace no es cuando se quiere hacer daño, sino cuando una serie de acontecimientos encadenados que podrían estudiarse como errores (aunque nada distaría más lejos de la realidad) ocurren sin haberlos planeado, estudiado o hechos con intención. Pues no hace daño quién quiere, sino quien pueden. Y poder no es querer. Y muchas veces aunque no se haya traspasado la frontera a ese pais vecino. Si que puedes llegar a sentirte un extraño en tu propia tierra, pensando que eres tú el que estás siendo desleal por pensar, por ver, que no te quieren en tu tierra, que no te tratan como hermano, que ya eres un forastero. Deseas marcharte, y que algún día tus paisanos te perdonen. Que tu patria te acoja de nuevo, que seas ese hijo que nunca quiso hacerle daño a su tierra. Y por momentos piensas... ¿por qué? ¿Por qué ha ocurrido todo? ¿Por qué ves que tu patria, tu bandera a la que tanto quieres ya no puede ser izada delante tuya? ¿Por qué no quiere dejarse ondear al viento en tu presencia? La interrogas, le haces la salve, intentas sentir con ella lo que siempre habías sentido. Pero no, no se deja. No puedes, ve en ti deslealtad, rencor. Ella sabe que no es así, pero lo ve. Le duele por ello. Sus colores se han desteñido, su imagen desaparece. La quieres arreglar, teñir, coser, volverla a izar, pero no puedes encontrarla a solas. Las cosas han cambiado.

Yo hubiera querido no cruzar la frontera, yo hubiera querido no irme de aquí. Aunque no me he ido, sigo. Ojalá pudiera no derramar una lágrima por tus colores. Espero que mi bandera vuelva a ondear con alegría y energía. Espero que en este pais distinto y alegre encuentre de verdad mi sitio para siempre y no me arrepienta de haber llegado sin querer a este destino por todo lo que quizás deje atrás, aunque quiero y espero recuperarlo.